16 de febrero de 1949
Desde que el bandido Chiang Kai-shek lanzó el 1º de enero su ofensiva de paz, los héroes de la camarilla reaccionaria del Kuomintang no dejaban de proclamar profusamente su deseo de "acortar la duración de la guerra", "aliviar los sufrimientos del pueblo" y "anteponer la salvación del pueblo a toda otra consideración". Pero, a comienzos de febrero, empezaron de súbito a poner sordina al estribillo de la paz para entonar la vieja cantinela: "lucharemos contra los comunistas hasta el final". Así es particularmente el caso en los últimos días. En la "Directiva especial sobre la propaganda", dada el 13 de febrero por el Departamento de Propaganda del Comité Ejecutivo Central del Kuomintang a "todas las organizaciones y todos los periódicos del partido", se dice:
"Ye Chien-ying ha venido haciendo propaganda hacia nuestras regiones de retaguardia, diciendo que el Partido Comunista de China desea sinceramente la paz y condenando, al mismo tiempo, las medidas militares del Gobierno como expresiones de falta de sinceridad respecto a la paz. Todos nuestros periódicos deben refutar enérgicamente estas afirmaciones, en forma directa e indirecta, de acuerdo con los siguientes puntos."
La "Directiva especial sobre la propaganda" da a continuación toda una serie de razones por las cuales se debe hacer esta "refutación":
"Para el Gobierno más vale combatir hasta el final que rendirse incondicionalmente.""Las ocho condiciones planteadas por Mao Tse-tung en su declaración del 14 de enero significan la ruina de la nación, y el Gobierno no debía haberlas aceptado."
". . . el Partido Comunista de China . . . debe cargar con la responsabilidad de haber quebrantado la paz. No obstante, ha presentado ahora una lista de los llamados criminales de guerra, que incluye a todos los dirigentes del Gobierno, e incluso ha exigido que el Gobierno comience por arrestarlos; esto demuestra claramente lo insolente e insensato que es el Partido Comunista de China. Si el Partido Comunista no modifica tal actitud, resultará realmente difícil encontrar un camino para las negociaciones de paz."
Ya no queda ni rastro de la patética impaciencia con que se pidieron
las negociaciones de paz hace dos semanas. Ya no se oyen palabras famosas
como "acortar la duración de la guerra", "aliviar los sufrimientos
del pueblo" y "anteponer la salvación del pueblo a toda otra
consideración", palabras que se extendían por doquier y
conmovían hasta lo hondo del corazón. Si el Partido Comunista
de China no accede a modificar su "actitud" e insiste en el castigo de los
criminales de guerra, será imposible negociar la paz. ¿Qué
es, entonces, lo que se debe anteponer a toda otra consideración:
la salvación del pueblo o la salvación de los criminales de
guerra? A juzgar por la "Directiva especial sobre la propaganda" dada por
los héroes del Kuomintang, éstos optan por la salvación
de los criminales de guerra. El Partido Comunista de China sigue consultando
a los partidos democráticos y organizaciones populares acerca de la
lista de criminales de guerra, y le han llegado ya opiniones de algunos de
ellos. Ninguna de las opiniones hasta aquí recibidas aprueba la lista
presentada el 25 de diciembre del año pasado por una persona autorizada
del Partido Comunista de China. Todas consideran demasiado corta esa lista
que contiene los nombres de sólo 43 criminales de guerra; estiman
que los que han de cargar con la responsabilidad de haber desencadenado la
guerra contrarrevolucionaria y asesinado varios millones de seres no se limitan
de modo alguno a 43, sino que deben sobrepasar ampliamente a un centenar.
Por el momento, supongamos que el número de criminales de guerra se
fije en un centenar y tanto. Entonces, quisiéramos preguntar a los
héroes del Kuomintang: ¿Por qué se oponen ustedes al castigo
de los criminales de guerra? ¿No desean "acortar la duración
de la guerra? "aliviar los sufrimientos del pueblo"? Si la guerra continúa
debido a esta oposición suya, ¿no será esto dilatar las
cosas y prolongar el desastre de la guerra? "Dilatar las cosas y prolongar
el desastre de la guerra" fue la misma acusación que hicieron ustedes
el 26 de enero de 1949 contra el Partido Comunista de China en la
declaración del vocero del gobierno de Nankín. ¿Será
que ahora quieren ustedes retirar esta acusación, inscribirla en un
cartel y colgárselo del cuello como signo de honor? Ustedes son hombres
pletóricos de misericordia que "anteponen la salvación del
pueblo a toda otra consideración". Entonces, ¿por qué
cambian repentinamente de actitud y anteponen la salvación de los
criminales de guerra a toda otra consideración? Según las
estadísticas de su Ministerio del Interior, la población de
China no es de 450 millones de habitantes, sino de 475 millones; comparen
esta cifra con la de un centenar y tanto de criminales de guerra:
¿cuál es mayor? Ustedes, héroes, han aprendido
aritmética; tómense, pues, la molestia de calcular bien según
su manual antes de sacar conclusiones. Si, sin hacer bien este cálculo,
cambian apresuradamente su fórmula originaria de "anteponer la
salvación del pueblo a toda otra consideración" - fórmula
buena que aceptamos así como lo hace todo el pueblo - por la de "anteponer
la salvación de un centenar y tanto de criminales de guerra a toda
otra consideración", entonces tengan cuidado, pues sin duda alguna
no podrán mantenerse firmes. Después de haber "llamado a la
paz" durante varias semanas, estos individuos, que no han dejado de repetir
que se debe "anteponer la salvación del pueblo a toda otra
consideración", ya no están "llamando a la paz", sino a la
guerra. He aquí la desgracia de los recalcitrantes del Kuomintang:
combaten obstinadamente al pueblo, lo pisotean desenfrenadamente y, de este
modo, se encuentran aislados sobre el pináculo de una pagoda;
además, no se arrepentirán ni en sus últimas horas.
¡Amplias masas populares del valle del Yangtsé y del Sur de China
obreros, campesinos, intelectuales, pequeña burguesía urbana,
burguesía nacional, shenshi sensatos y miembros del Kuomintang
aún con conciencia -, atención! Están contados los
días de los recalcitrantes del Kuomintang, que los pisotean a ustedes
desenfrenadamente. Estamos del mismo lado, ustedes y nosotros. Este puñado
de recalcitrantes pronto se vendrá abajo desde su pináculo,
y una China popular va a nacer.